jueves, 3 de enero de 2019

CARTA A LOS REYES



Ahí os va la lista:

- Pelador de capas, esas que tapan lo que somos. 

- Jarabe para la voz, para cuando haya que usarla sin temor. 

- Mochila caracol.

- Traductor de miradas, para usar en mitad de un vagón y saber si es o no una ilusión lo que acabas de leer en esas pestañas.

- Vale para mandar a la mierda a quien te apetezca, sin temor a discusiones eternas.

- Botón de pausa, para poder evadirse en mitad de conversaciones que después no sabemos continuar.

- Bicarbonato para limpiar los malos ratos.

- Agua de lluvia para que todo fluya.

- Poción del sueño, para las noches de lucha contra el insomnio de los recuerdos.

- Spray antimiedos, tamaño bolsillo.

- Agujas de ganchillo que cosan destinos, y dejar de esperar a tropezar en el mismo rincón.

- Un crucerito en el barco de Peter Pan, total, él ya lleva mucho estando perdido.
  
 (Ojalá no se sepa encontrar) 

- Las tijeras de Eduardo, a ver si con esas, puedo podar falsas promesas.

- Un día moscoso para pasarlo en el bar, con el resto de la gente que no entiende de un café rápido.

- Zapatillas con muelles.

- Biodramina para los mareos en la cima, aún quedan muchas montañas que escalar.

- Extractor de los malos humos de la gente.

- Borrocóptero. Pues no, no me doy por vencida. 

- Grabadora de ideas, de las que si no atrapas ya no regresan.

- Tendedero de tristezas, para que sequen al sol.

- Bicimetas, sobra explicación.


En una cima cualquiera, Clara Quintana Silva



miércoles, 12 de diciembre de 2018

ESTO NO ES UN POEMA


Ya no piso tus pasos en Gran Vía.

Ni te rozo en las escaleras que suben a Sol.


Ya no huelo tu rastro en el Retiro, 


sino que me retiro hacia el rastro 


a ver si tu aroma


sigue paseando los domingos.



Y digo yo, en qué escenario estás ahora, 


el Rialto, el Apolo, dime,


dónde vomitas tu emoción.



Me pareció verte en la Cuesta Moyano, 


entre libros y rotondas


pero ya no rondas esas aceras,


y me dejas a la espera


en cualquier estación.




Metro de Nueva York, Clara Quintana Silva

jueves, 29 de noviembre de 2018

¿DE QUÉ ESTÁN LLENOS LOS ELEFANTES?

Érase una vez una niña llamada Yan. Su mejor amiga era una elefanta que se llamaba Bel.

Bel era muy grande, de color gris, bueno supongo que ya sabréis cómo es un elefante ¿No?

Yan y Bel pasaban mucho tiempo juntas, eran muy diferentes pero se querían, a pesar de que tuvieran pensamientos distintos.

Un día, Yan encontró a Bel sentada mirando la puesta de Sol. En eso coincidían, las dos se quedaban embobadas mirando los colores en el cielo. A veces no hacía falta hablar o decir mira ese rosa o ese naranja, porque incluso con sus silencios se comprendían.

Pero ese atardecer era distinto. Yan se sentó al lado de Bel y la miró desde abajo.

- Bel ¿Qué te pasa?

Bel parecía triste. Estaba mirando el atardecer y no sonreía. Tenía que pasarle algo.

- ¿Sabes qué pasa Yan?

Yan negó con la cabeza.

- Yo soy muy grande. Soy cuatro veces tú, pero hoy me he dado cuenta de que estoy vacía. Y no entiendo como alguien tan grande puede estar lleno de nada.

Yan se quedó pensativa. No entendía qué quería decir Bel, ¿cómo iba a estar vacía? Ella era una niña y sabía con seguridad que por dentro tenía cosas, y no dos o tres, sino muchas cosas, como el cerebro, pulmones, huesos…pero ¿Los elefantes? ¿De qué están llenos?

Yan se quedó durante un rato mirando cómo el último cachito de Sol desaparecía en el horizonte.

- Se me ocurre una cosa…

- ¿El qué?- Preguntó Bel con la mirada esperanzada.

- Dices que estás vacía, que no sientes nada. Yo creo que la única forma de saber lo que te pasa es ver qué tienes, o qué no tienes, por dentro ¡Tenemos que encontrar a alguien que pueda abrirte!

Bel se quedó pensativa durante unos segundos, se rascó el cogote con su larga trompa hasta que se le abrieron los ojos y exclamó

- ¡El doctor ratón! Seguro que él puede abrirme.

El doctor ratón era uno de los roedores más sabios que vivían por los alrededores. Llevaba toda su vida ayudando a diversos animales que enfermaban. En ese justo momento se encontraba preparando una especie de pomada para un guacamayo que se había lastimado un ala al hacer un mal aterrizaje.

Estaba removiendo el ungüento cuando sintió que temblaba levemente el suelo. Se giró y allí estaban Yan y Bel.

- ¡Qué gran sorpresa! Hacía mucho que no tenía el gusto de verlas señoritas.

Las dos sonrieron.

- Doctor ratón, necesitamos su ayuda- Dijo Yan.

- Muy bien, ¿qué les duele? ¿Se han caído? ¿Pueden ponerse a la pata coja? Saquen la lengua y digan “aaah”.

- No, no es eso doctor ratón.- Explicó Bel.

 »Verá, es que tengo un problema. Resulta que ayer, mientras miraba el atardecer, me di cuenta de que estoy vacía. No noto nada. Necesito que me abra y mire qué tengo, o qué no tengo, por dentro.

Doctor ratón se quedó callado y se sentó en una piedra minúscula que tenía detrás. Al lado de Bel parecía aún más pequeño.

- Nunca he abierto a un elefante- .Dijo doctor ratón.

Bel entristeció. Si doctor ratón no podía ayudarla, nadie podría.

- Puedo intentarlo.

- ¡Bieen!- gritó Yan entusiasmada.

- Pero…Aún no. Si no me equivoco estamos en otoño. Tendréis que esperar a que llegue la primavera.

- ¿Por qué en primavera?- Preguntaron Bel y Yan al unísono.

- En primavera, alrededor del Gran Lago, crecen unas flores amarillas, con los pétalos puntiagudos y lunares rosas. Necesito esas flores para poder hacer una pócima que duerma a Bel. Siempre utilizo esas flores para dormir a los pacientes en mis operaciones, y por eso guardo unas cuantas para las siguientes estaciones, pero este verano he necesitado muchas y se me han acabado. Lo siento señoritas, pero sin esas flores no puedo abrir a Bel.

Yan y Bel se despidieron del doctor ratón. Caminaban en silencio cuando Bel se detuvo y dijo

- Yan, me voy al Gran Lago. Tengo que encontrar esas flores.

- Pero Bel, el doctor ratón nos ha dicho que hasta primavera no florecen, aún estamos en otoño, no las encontrarás.

- Tengo que intentarlo. Hay una parte del lago, detrás de las cascadas, donde el calor de los rayos de Sol se queda atrapado. Es una cueva, allí siempre es verano.

Yan la miró extrañada.

- Nunca me has hablado de ese sitio.

- Lo sé. Sólo estuve una vez, cuando era muy muy pequeña.

Yan miró a su amiga con una sonrisa

- Voy contigo.

Y las dos pusieron rumbo hacia el Gran Lago.

La guía era Bel. Aunque llevara años sin hacer aquel camino conocía todos los atajos, lugares donde beber agua, conseguir alimento, y dormir sin que nadie molestara.

Para llegar al Gran Lago se necesitaban cuatro días. Yan pudo comprobar en ese tiempo lo increíble que era su amiga Bel.

Bel era grande, era cuatro veces ella, pero no podía correr ni saltar, y a veces era Yan quien ganaba en las carreras.

No entendía por qué, pero Bel dormía de pie. Decía que los elefantes sólo duermen tumbados cuando son pequeños. Yan se sintió como un bebé cuando le explicó aquello porque ella dormía tumbada panza arriba. Incluso, la tercera noche del camino hacia el Gran Lago intentó dormir de pie, pero cuando abrió los ojos por la mañana estaba acurrucada junto a un árbol.

Bel le dio los buenos días y continuaron la marcha.

Ese mismo día, por la tarde, llegaron al Gran Lago.

Era un sitio precioso, había árboles con hojas de todos los colores, el agua era cristalina y un montón de osos, hipopótamos, y diferentes aves aprovechaban para darse un baño.

- Tenemos que cruzar el lago y llegar a la cascada, detrás está la cueva.

Bel se inclinó para que Yan subiera a su espalda.

La elefanta estaba muy contenta. Hacía mucho tiempo que no estaba en aquel lugar y recordó lo bien que lo pasaba cuando era pequeña y se tiraba el día entero jugando.

Entonces, con su larga trompa cogió agua y le echó un buen chorro a Yan que estaba distraída mirando cómo los peces se alejaban nadando en cada paso que daba Bel.

- ¡Me has empapado!- Dijo Yan riéndose.

Bel la enrolló con su trompa y la tiró al agua.

Pasaron el resto de la tarde chapoteando y jugando con los peces, los hipopótamos y otro grupo de elefantes.

Bel tenía mucha memoria pero no recordaba cuándo fue la última vez que se reía tanto.

Al atardecer se sentaron en la orilla, mirando cómo el agua cristalina parecía teñirse de color lila, y las primeras estrellas empezaban a aparecer.

Yan miró a Bel, y vio que sonreía.

- ¿Sabes una cosa Bel?

- ¿Qué?- Contestó la elefanta con ojos brillantes.

- Yo soy una niña, sé que por dentro tengo cosas, muchas cosas, tengo cerebro, huesos, pulmones… No sé si los elefantes también tenéis esas cosas, no sé de qué están llenos los elefantes, pero creo que sí sé de qué estás llena tú.

- ¿De qué?-. Preguntó Bel sin borrar la sonrisa.

- ¡De recuerdos! Tienes mucha memoria, recuerdas cosas de cuando eras muy pequeña, conoces todos los caminos y los atajos, nunca olvidas nada.

- Tienes razón- Dijo Bel.

- Por eso eres tan grande, por eso eres cuatro veces yo, porque guardas todas las cosas que te han pasado desde que naciste, es imposible que estés vacía, ¡porque estás llena de todo!

Bel miró a Yan y la abrazó con su trompa y sus grandes orejas. Su amiga tenía razón, no podía estar vacía.

Ya no era necesario buscar las flores para que doctor ratón  viera qué tenía, o qué no tenía por dentro, ya no era necesario esperar a la primavera.

Bel era grande, era cuatro veces Yan y desde ese momento, hasta entonces, viven aventuras para no dejar de llenarse nunca de recuerdos.

Autor o autora desconocido/a

domingo, 3 de junio de 2018

SOMOS ANIMALES

Somos animales. 

¿O acaso nunca te has sentido como un ave migratoria desorientada? 

¿Nunca te has quedado quieto o petrificada al escuchar el aliento de algo que resopla en tu oído como queriendo decir "estate alerta"? 

¿No has sentido, en mitad de la noche, unas cosquillas serpenteando por tus piernas, ni te han despertado unos bufidos sin sentido? 

Somos animales. 

¿O me vas a negar que alguna vez has olvidado la razón y seguido tu instinto sin miedo a equivocarte?  

Dime, ¿te atreves a reconocer que cuando la persona que menos esperabas se fue volando no sentiste ni un gramo de la melancolía que sufre un periquito cuando su pájaro favorito echa a volar? 

¿No es verdad, que construiste con sus plumas el nido donde viviste en cautividad hasta que el felino que te arañaba por dentro tuvo las agallas de romper la jaula y cabalgaste, y te dio por aullar cerca del mar? 

Entonces dime que tu pasado no está hecho de plumas, y que a veces es tan ligero que te da miedo olvidar. 

Somos animales. 

Provocamos arritmias. 

A veces alguien consigue ver lo que nos brilla, aunque esté escondido entre nuestros trastos. 

No les da miedo saltar de cabeza y rebuscar en nuestra basura. 

Sí, hay personas que se comportan como urracas azules, a oscuras. 

Provocamos arritmias, pasamos el tiempo saltando de un nenúfar a otro croando momentos. 

Somos animales. 

¿O jamás has necesitado mutar en una especie que hiberna, para oler el hielo en los sueños y pasar el frío sin darte cuenta? 

¿No te has quedado sin respiración, intentando estirar todo tu cuerpo como una tortuga, para darle la vuelta al mundo y encontrar de nuevo tu equilibrio? 

¿No te has aburrido de tu crisálida? 

¿No has roto tu cascarón? 

¿No has sido una garrapata y has hundido tu cabeza, y todo lo que hay dentro, en el centro de otras pieles? 

¿No has olido el miedo y corrido a refugiarte en tu madriguera camuflada en la nieve? 

De verdad me estás diciendo que  

¿Nunca has cacareado? 
Paula Bonet